Y vuela la mariposa, nunca deja de volar
con sus alas color rosa que a la rosa hieren al pasar.
Y mira las flores y se posa.
Pasa sus patas finas por pétalos y hojas
e imagina en la tierna florecilla un paraíso a morar.
Y vuela la mariposa, nunca deja de volar
con sus alas color rosa que a la rosa hieren al pasar.
Y liba la mariposa, nunca deja de libar
cogiendo el pólen de la rosa,
cosa hermosa, néctar de libertad.
Y vuela la mariposa, nunca deja de volar
con sus alas color rosa que a la rosa hieren al pasar.
Y piensa la mariposa que es poca cosa
lo que consigue sacar; que estando quieta la rosa,
sin hacer otra cosa, algo más le podría dar.
Y vuela la mariposa, nunca deja de volar
con sus alas color rosa que a la rosa hieren al pasar.
Y piensa la rosa que es muy fácil volar,
de flor en flor, de hoja en hoja y recoger sin más,
no estando atada al suelo sin poder caminar.
Y vuela la mariposa, nunca deja de volar
con sus alas color rosa que a la rosa hieren al pasar.
Y quién tiene la razón, tú no lo sabrás,
pues no es cuestión tanto de errores
como de culpar a los demás.
Y volará la mariposa y observará la rosa,
cada una viviendo en su lugar.
Las dos distintas, las dos solas,
en un baile sin final.