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lunes, 2 de marzo de 2015

El suspiro


No puedo dejar de pensar
qué hubiera sido,
qué sería y qué será
mi vida sin el olvido,
sin una fuerza con que avanzar.
Hoy vuelven suspiros
que había dejado atrás
y los miro...
pero ya no los dejo entrar.
No es un castigo,
no es ninguna maldad,
ni un destino
retorcido y voraz;
el camino
que hoy sigo no es igual
al torbellino
que tal vez recordarás.
Es distinto,
es más claro, más veraz,
más definido,
es quien soy de verdad,
y no es lo mismo...
y ya nunca lo será.
Custodia tú el largo suspiro,
algún día pasará.



jueves, 11 de julio de 2013

Suicidas




Dónde quedaron los versos de olvido,
dónde quedaron palabras de amor,
dónde quedaron la luz y el perdón,
dónde quedaron los sueños dormidos.

Dónde suspiran el ángel y el mirlo,
dónde y cuándo renace alguna flor,
cómo sigue la inocente canción
que cantas con dulzura, voz de niño.

Nada quedará nunca, ahora y siempre
en manos temblorosas y asustadas,
en almas implorantes a la muerte.

Sólo ojos hinchados por lágrimas,
forzado sufrimiento de la mente,
suicidas que aprenden a odiar su alma.



*Dedicado especialmente a las víctimas del acoso escolar y, en general, a todas aquellas personas víctimas de abusos e injusticias.*


 

domingo, 27 de enero de 2013

Viajero



Te envidio. Te envidio sin envidia si te miro. Te miro sin mirarte si te siento. Te siento sin sentirte si te olvido. Cuán complicado y cruel pensamiento; cuán arduo y duro el camino que he de seguir al momento, que he de quitarle al destino para cambiar el final de este cuento.

¿Quién te dio, viajero, permiso para colarte en el núcleo de mi sueño, robarme, convertirte en mi dueño, nublar para siempre mis sentidos? Debería odiarte y no puedo; debería alejarme y me resisto; y, sin querer morirme, me muero. Estás derrumbando mi mundo entero y aún así finges no haberme visto, pretendes sin cesar que no existo, que mis ojos no te siguen hambrientos, que mis manos no se aferran a tu abrigo, que mi voz es un susurro en el viento. Tus crueles ojos de acero apuñalan como dagas los míos, cuando me miras y te miro, cuando me apartas si te encuentro, me rechazas y me minas, me quemas por dentro, en un abrazo eterno que, sin comenzar, nunca termina. 



Sigues sin cesar, viajero, caminando hacia el infinito, sin conocer lo que es el anhelo, la nostalgia, el miedo, el vacío,... Rompiendo corazones sinceros, dejando a tu paso un hastío, un mal sabor de sueños baldíos, pedazos de ilusiones por los suelos, una sombra, un espejismo, un reflejo, un susurro, una súplica, un aullido, el brillo de unos ojos de hielo que queman más que el mismo fuego aún en el invierno más frío.