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viernes, 1 de julio de 2016

Ermitaña dramática


Andando por el bosque me perdí
y no encontré en los árboles respuesta
alguna que me llevase de vuelta
hasta el punto de encuentro o hasta ti.

¿Qué será a partir de ahora de mí?
Sin medios, sin recursos, sin maletas,
sin mapas, sin cobertura, sin fuerzas,
sin plan de escape con el que salir.

Tendré que convertirme en ermitaña,
buscar alguna cueva e instalarme
junto al río, a los pies de la montaña.

Me va a costar la vida acostumbrarme,
pero ello no es la cosa más extraña
pues es lo que me espera en estos lares.




jueves, 5 de febrero de 2015

El tren de la realidad

Y otra vez el tren; lleno de ruido, vacío de humo, se oyen suspiros... de sueño. Y sin dueño ni rumbo viajan algunos, grandes y pequeños a la vez. Por muchos caminos bajamos, subimos, al derecho y al revés; y nos dormimos.
Adiós parada mía, ahí te quedas, querida, esperando por mis pies y yo durmiendo primero y llorando después por mi desliz descuidado...
Lo siento, me he pasado... pero volveré...

Siempre me complico la vida sin saber por qué. Me levanto, me acuesto, me duermo otra vez. Y el día acaba y el siguiente comienzo... Y yo pienso todo mil veces, le doy vueltas al seso y lo repienso otras cien. Como ahora mismo en este tren.
¿Por qué me he dormido? ¿Por qué he sucumbido a un cansancio y desconcierto que no he de tener? ¿Qué pensaba mi mente en este momento? Madre mía, ¡¿Por qué?!
Como un puñetazo me ha dolido despertar en este tren. Y la realidad que me empuja hacia abajo y me quiere mantener lejos del sueño, hace añicos mi dignidad y la lejana posibilidad de sentirme bien. Y sentada en mi asiento con mi desconcierto observo a la gente... Nadie se entera, nadie se mueve... o no se quieren mover. Sus miradas de anhelo nada miran ni pueden ver.

Yo me cobijo en mis pensamientos, en los sueños detrás de mi frente, acunados por el fuerte deseo de entender. Y mientras un mundo de cuento pervive en mi mente, latiendo ardiente, la realidad parece el sueño que no puedo retener.




domingo, 29 de septiembre de 2013

Máquina.


Dices que tienes corazón y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón...; es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.
-> Rima LXXVII. Gustavo Adolfo Béquer.


La brisa, hermana del viento, acaricia el firmamento sin descanso pero sin prisa. Su susurro es la risa y el canto de las almas y su consuelo, entre las nubes de terciopelo que pasean en calma. Las estrellas alumbran el cielo con luz sumisa de polvos de hada y desde la distancia divisan las penas rodando por el suelo.
Sobre la hierba verde: la cierva de Artemisa, la lechuza de Atenea, la manzana de Afrodita. Protegen las diosas su reino, cantan de mortales las desdichas del amor, del hambre, del miedo.

Pero un poco más lejos, en lo alto de una cornisa de un castillo pétreo, entre las sombras descansan unos largos dedos, unas manos frías, rasgadas y heridas, brazos helados, un par de ojos muertos. Cuánto desperdicio a la vista de ojos que no registran lo bello, sumidos en el desencanto, cegando sus pupilas con la bruma del silencio. Es tan sólo un errante, un desolado paseante, que mira al mundo sin verlo, sin apreciar la hermosa vida que se desarrolla en el universo. 

Es una maleta rodante que viaja sin dueño, sintiéndose importante con sus solapas de cuero, con sus remates a mano, con metalizadas hebillas... pero, a fin de cuentas: vacía por dentro.



viernes, 1 de febrero de 2013

Sinsentido


Por el camino de la luna
camina sola una flor
con los pétalos al viento,
las hojas hacia el firmamento
y, en sus pasos, su canción.

Dos ojos negros de aceituna
en lo alto de un mirador
observan, en su tormento,
las razones sin argumento
que inquietan su corazón.

En su cabeza, canciones de cuna
que le recuerdan con rencor
lo que desvaratan en un momento
sus ojos, mirando atentos,
a la florecilla bailando al son.

"No creo de forma alguna
que pueda caminar una flor;
me lo dice el entendimiento,
lo reafirma el conocimiento,
pero lo desmiente esta visión."

Quiso entonces, quizá, la fortuna
obsequiar al triste observador
simplemente, por mortal aburrimiento,
un sinsentido para su desconcierto,
una breve historia sin conclusión.