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jueves, 5 de febrero de 2015

El tren de la realidad

Y otra vez el tren; lleno de ruido, vacío de humo, se oyen suspiros... de sueño. Y sin dueño ni rumbo viajan algunos, grandes y pequeños a la vez. Por muchos caminos bajamos, subimos, al derecho y al revés; y nos dormimos.
Adiós parada mía, ahí te quedas, querida, esperando por mis pies y yo durmiendo primero y llorando después por mi desliz descuidado...
Lo siento, me he pasado... pero volveré...

Siempre me complico la vida sin saber por qué. Me levanto, me acuesto, me duermo otra vez. Y el día acaba y el siguiente comienzo... Y yo pienso todo mil veces, le doy vueltas al seso y lo repienso otras cien. Como ahora mismo en este tren.
¿Por qué me he dormido? ¿Por qué he sucumbido a un cansancio y desconcierto que no he de tener? ¿Qué pensaba mi mente en este momento? Madre mía, ¡¿Por qué?!
Como un puñetazo me ha dolido despertar en este tren. Y la realidad que me empuja hacia abajo y me quiere mantener lejos del sueño, hace añicos mi dignidad y la lejana posibilidad de sentirme bien. Y sentada en mi asiento con mi desconcierto observo a la gente... Nadie se entera, nadie se mueve... o no se quieren mover. Sus miradas de anhelo nada miran ni pueden ver.

Yo me cobijo en mis pensamientos, en los sueños detrás de mi frente, acunados por el fuerte deseo de entender. Y mientras un mundo de cuento pervive en mi mente, latiendo ardiente, la realidad parece el sueño que no puedo retener.




miércoles, 2 de abril de 2014

Yo quiero escribir algo feliz

Yo quiero escribir algo feliz.

A través de mi ventana, la primavera llega con fuerza, arrojando flores y derramando lágrimas de emoción. Ceres se viste de gala con una sonrisa de esperanza y alivio en su corazón.

Yo quiero escribir algo feliz.

Las nubes la escoltan, formando claros por donde los rayos del sol se escapan, marcando el camino. Brillantes baldosas doradas para la doncella descalza. Sin zapatos rojos. Regresa a casa.

Yo quiero escribir algo feliz.

Los pájaros en la sierra cantan para los oídos que los quieran oír. Pueden ser los de Blancanieves, los de Cenicienta o los de un caminante que pase por allí, casi sin darse cuenta…

Yo quiero escribir algo feliz.

En algún lugar un niño juega. Oigo los juguetes. Oigo su risa y sus carreras. Me detengo y me pregunto qué hará aquí. Podría escribir sobre él… o quizá no. Mejor no. Mejor no empiezo así…

Yo quiero escribir algo feliz.

A mi alrededor no encuentro nada. Nada ven mis ojos, nada escuchan mis oídos, nada tocan mis manos,… mi búsqueda no quiere llegar a su fin. ¿Y si escribo sobre nada?

Yo quiero escribir algo feliz.

¿Es la nada feliz? ¿O es sólo nada? ¿O es todo nada? ¿O nada es todo? ¿Qué hago siquiera aquí? Quedarme a pensar en todo y nada, deteniendo mi vida, quedándome parada…


Y yo sólo quería escribir algo feliz.



domingo, 29 de septiembre de 2013

Máquina.


Dices que tienes corazón y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón...; es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.
-> Rima LXXVII. Gustavo Adolfo Béquer.


La brisa, hermana del viento, acaricia el firmamento sin descanso pero sin prisa. Su susurro es la risa y el canto de las almas y su consuelo, entre las nubes de terciopelo que pasean en calma. Las estrellas alumbran el cielo con luz sumisa de polvos de hada y desde la distancia divisan las penas rodando por el suelo.
Sobre la hierba verde: la cierva de Artemisa, la lechuza de Atenea, la manzana de Afrodita. Protegen las diosas su reino, cantan de mortales las desdichas del amor, del hambre, del miedo.

Pero un poco más lejos, en lo alto de una cornisa de un castillo pétreo, entre las sombras descansan unos largos dedos, unas manos frías, rasgadas y heridas, brazos helados, un par de ojos muertos. Cuánto desperdicio a la vista de ojos que no registran lo bello, sumidos en el desencanto, cegando sus pupilas con la bruma del silencio. Es tan sólo un errante, un desolado paseante, que mira al mundo sin verlo, sin apreciar la hermosa vida que se desarrolla en el universo. 

Es una maleta rodante que viaja sin dueño, sintiéndose importante con sus solapas de cuero, con sus remates a mano, con metalizadas hebillas... pero, a fin de cuentas: vacía por dentro.



domingo, 27 de enero de 2013

Viajero



Te envidio. Te envidio sin envidia si te miro. Te miro sin mirarte si te siento. Te siento sin sentirte si te olvido. Cuán complicado y cruel pensamiento; cuán arduo y duro el camino que he de seguir al momento, que he de quitarle al destino para cambiar el final de este cuento.

¿Quién te dio, viajero, permiso para colarte en el núcleo de mi sueño, robarme, convertirte en mi dueño, nublar para siempre mis sentidos? Debería odiarte y no puedo; debería alejarme y me resisto; y, sin querer morirme, me muero. Estás derrumbando mi mundo entero y aún así finges no haberme visto, pretendes sin cesar que no existo, que mis ojos no te siguen hambrientos, que mis manos no se aferran a tu abrigo, que mi voz es un susurro en el viento. Tus crueles ojos de acero apuñalan como dagas los míos, cuando me miras y te miro, cuando me apartas si te encuentro, me rechazas y me minas, me quemas por dentro, en un abrazo eterno que, sin comenzar, nunca termina. 



Sigues sin cesar, viajero, caminando hacia el infinito, sin conocer lo que es el anhelo, la nostalgia, el miedo, el vacío,... Rompiendo corazones sinceros, dejando a tu paso un hastío, un mal sabor de sueños baldíos, pedazos de ilusiones por los suelos, una sombra, un espejismo, un reflejo, un susurro, una súplica, un aullido, el brillo de unos ojos de hielo que queman más que el mismo fuego aún en el invierno más frío.



domingo, 13 de enero de 2013

Pasan las horas muertas

(Entrada propia. Re-post de "Your soul is unbreakable". 13/06/12)

En estos días de final de primavera y principio del verano, en estos días que otro curso más se va, en estos días que el calor aturde y hace pensar,...
En estos días he reflexionado, me he replanteado aspectos de mi vida y me ha quedado claro que he de luchar para que esto nunca me llegue a pasar:

 
Pasan las horas muertas
y el reloj nunca vuelve atrás;
pasan la risa y la pena,
la mentira y la verdad,
los sueños de primavera,
el invierno en soledad.
Pasa la luz de las estrellas,
pasa la brisa del mar,
las sombras sobre la tierra
y en el cielo la oscuridad,
la roja sangre por las venas,
las palabras sin pronunciar
que malditas sobre la lengua
nunca llegan a volar.
Pasan las horas muertas
tras una esfera de cristal.
Pasan las horas muertas
y la vida se va sin más.


Por favor, luchad. Luchad para que no os inunde la pena, para no dejar de soñar, para salvar las sonrisas sinceras, para que no pase la vida sin más.

Sahara

 (Entrada propia. Re-post de "Your soul is unbreakable". 30/03/12)

Calor; luz y calor; rayos, luz y calor...pasos...y más pasos. Uno tras otro. La vida sigue, los pasos siguen, las horas siguen...como los granos de un reloj de arena perdido en medio del desierto...y el calor, siempre el calor.
Pero nada me importa, nada temo, nada quiero. Todo lo veo y todos me ven, en esta llanura interminable, en el desierto de mi vida. El tiempo rueda, la arena rueda, el tiempo es una rueda y la arena es el tiempo y el espacio. Nada cambia, todo permanece, pero nunca es igual ni nunca es distinto...sólo sigue, como nunca ha seguido y como nunca seguirá. No hay sueño, no hay cansancio, no hay hambre, no hay sed, no hay nostalgia...¿de qué? Nada se echa de menos porque nunca ha habido nada...
Solo hay escorpiones, serpientes, arañas y alimañas varias. Muerden, pican, matan. Vivir para morir. Morir para vivir. Vivir para matar. Matar para vivir. Tanto da, que da lo mismo. No tiene importancia, no tiene razón de ser ni de no ser, no quita el sueño...no hay sueños.
Una gota. Una maldita gota. ¿De qué? De agua. Maldita agua. Maldita gota. Maldito líquido infernal que quema más que el sol. Apareció de repente y de la nada, entre los días que no cambian, de frente pero a traición.
¿Calmó mi sed? Por supuesto que no. Es una gota, sólo una gota, tan sólo me mostró qué es la sed, cuánto la padezco y cuánto la puedo padecer.
Inconsciente bebí, inconsciente probé el líquido infernal que quemó mi garganta, que clavó en mi ser una nueva ansia: Las ganas de beber, de saciarme, de llenarme de agua, de vida, de utópico placer, de la salvación de mi alma entre el calor del desierto, bajo el cielo abierto, bajo el calor y el fuego, ante mi nuevo amanecer.
Valiente cosa he hecho, valiente cosa me han hecho, ya ni sé quién posee la culpa de mi locura, de mi perdición.
Vago por el desierto de mi vida, entre el fuego y el calor. Hace tiempo que me deshice de mi sonrisa, de mi ilusión. Mi caminar se ralentiza, ya no tiene tanta prisa, ya no puede correr. Vago sola y perdida, abrasada por el sol, soñando con la brisa. Y miro y me miran; y siento y me sienten; me observan, me vigilan. Lloro y grito y me deshago de dolor por dentro, ocultando mi lamento, aguantando mi tortura. Tengo sueño, tengo cansancio, tengo hambre, tengo sed... tengo nostalgia, nostalgia por el agua que nunca más podré beber.
Y el sol me mira, se ríe, sonríe, me mira otra vez. No sabe que algo ha cambiado, que mi vida no es mi vida como antes lo fue. Le miro, le imploro, le miro otra vez. Le cuento, le digo y ya no me mira bien. Me juzga, me observa, me quema, me rechaza. Me odia. No me habla. Sigue iluminando, pero hiere. Me hace daño, duele, muy dentro.
El sol se oculta, se va. Llega la noche, mi primera noche, y la última, la negra eternidad. 



“Un día conocí al agua, y prometió acompañarme a lo largo del desierto. Cada vez que estuviese sedienta, ella me aliviaría.
Acepté y pasaron los días sobre la arena, hasta que un día se fue, dejándome su recuerdo de forma cruel porque, condensada, aún podía sentirla.
Sabía que estaba ahí, lo notaba, pero en vez de apaciguar mi sufrimiento, lo hacía bochornoso bajo un sol de justicia.
¿Qué es la sed?
Sed es echar de menos, y para echar de menos hay que haber conocido y amado, haber necesitado y sufrido.” By Pinkadelika.